Reconecta con ternura y repara mensajes viejos.
Antes de escribir, cierra los ojos un momento.
Imagina a ese niño o niña que fuiste. Visualiza su rostro, su manera de mirar, cómo se movía. Permítete sentirlo dentro de ti, no como un recuerdo lejano, sino como una parte viva que todavía necesita ser vista.
Respira hondo, y nota cómo esa conexión despierta algo en tu pecho.
Desde ahí, escribe. Porque no se trata solo de palabras, sino de poner ternura y verdad en lo que expresas.
La Carta a tu niño interior es una herramienta poderosa para sanar. No busca culpar al pasado, sino ofrecerte hoy lo que entonces necesitabas: compañía, amor y comprensión.
✏️ Cómo escribirla
Usa esta plantilla en 5 pasos como guía:
- Saludo cercano
Empieza con ternura, como si hablaras a alguien que amas:
“Querido pequeñito…” o “Hola, yo de entonces…” - Reconocimiento
Valida lo que sentías en esa época:
“Sé que a veces te sentías solo… sé que te dolía cuando no te entendían.” - Reparación
Dale el mensaje que necesitabas escuchar:
“No tenías que ser perfecto. Ya eras suficiente tal y como eras.” - Acompañamiento desde el presente
Hazle saber que hoy no está solo:
“Ahora estoy contigo. Yo me encargo de cuidarte.” - Cierre con amor
Termina con una frase de ternura que te reconecte:
“Te quiero, y siempre estarás a salvo conmigo.”
🌱 Más allá de la carta
Escribir es solo el primer paso. La verdadera sanación llega cuando mantienes viva la relación con tu niño interior:
- Escúchalo cada vez que surja un miedo, una inseguridad o un deseo profundo.
- Hazle sentir que ya no tiene que cargar solo con todo.
- Recuérdale que hoy cuentas con recursos, fuerza y amor que antes no tenías.
Cuando tu niño interior se siente visto y reparado, tú mismo te sientes más completo, más ligero y más libre.
✨ No subestimes el poder de este ejercicio. Una sola carta puede abrir un espacio de reconciliación contigo mismo que llevabas años esperando.


Deja una respuesta